El blog de lo políticamente incorrecto. El blog de lo pornográficamente erecto. El blog de lo caricaturizablemente converso. El blog, nuestro prostiputo blog.

A contrarreloj.

Últimamente el tiempo pasa demasiado rápido. Ya echo de menos la infancia vacía, las tardes con torta y chocolate, las huellas de las zapatillas en la puerta, los malos tragos a la hora de entrar por la puerta del colegio, la mochilita con ruedas, los fuertes de cojines, los parches en los pantalones, los viernes de mercadillo, los sábados de Santillana, los domingos de arena, las huchas vacías, las noches pasando frío en pleno verano, y pese a todo, no pasa tan rápido como debiera.

Cuando yo era chico.


Cuando yo era chico, los cochinos en la granja de mi padre nacían sin culo y comían pero no podían sacar los residuos por ninguna parte y empezaban a engordar hasta que reventaban por dentro. Les duraba la vida lo que duraban cuatro digestiones, que era lo que tardaban sus intestinos en no soportar más la presión. Eso pasaba de verdad cuando yo era chico (bueno, tal vez solo pasó un par de veces o tres, pero es una imagen de mi infancia gravada a fuego). Cuando yo era chico el mundo había perdido el norte y todo estaba patas arriba y los cochinos nacían sin ojete.